Viajar con joyas y relojes

Hay tantos viajes o formas de viajar como personas. Viajar es siempre una aventura y una oportunidad. Una aventura porque nos alejamos de nuestra zona de confort y nos adentramos en un contexto distinto al que nos deberemos adaptar y una oportunidad porque nos permite conocer otros lugares, otras culturas y otras personas que de las que enriquecernos.

Si bien existen viajes de lo más informales en los que apenas necesitamos enseres para sacar el máximo jugo al terreno, lo cierto es que en la mayoría de ocasiones, cuando viajamos, tenemos la oportunidad de lucirnos, o bien porque exigencias del guión o bien porque deseamos lucirnos para las fotos y los vídeos de recuerdo.

Es ahí donde nos planteamos viajar con nuestras joyas, lo que exigirá algo de organización para poder sacarles todo el partido que merecen. En primer lugar, porque debemos seleccionar aquellas joyas con las que queremos viajar. En función del destino, del tipo de escenarios en los que nos vayamos a adentrar, de la temperatura y de la seguridad de las zonas visitadas escogeremos unas u otras. Y es que, tanto si viajamos a una boda, como si vamos a un crucero en el que sabemos que habrá una noche de gala o si nos desplazamos para una gala o un evento de etiqueta, no podremos obviar la necesidad de viajar con nuestras joyas.

En segundo lugar, porque una vez seleccionadas deberemos asegurarnos de que estas están perfectamente embaladas en un estuche joyero, así como que están a buen recaudo durante todo el viaje. Algo que conseguiremos portándolas en nuestro equipaje de mano, siempre y cuando estas no superen un valor económico que nos pueda acarrear alguna pregunta que otra por parte de los miembros de las aduanas visitadas. Situación poco habitual pero posible, sobre todo en los países del tercer mundo.

Joyas y relojes para lucir como nunca durante nuestros viajes

Lo mismo sucederá con las joyas de los hombres: los relojes, los gemelos y los pisacorbatas, que de igual forma deberemos guardar en sus estuches o portajoyas para garantizar que estos objetos de gran valor llegan en las mismas condiciones en las que fueron embaladas.

Sea como fuere, y sobre todo si contamos con una colección que vale la pena lucir durante los días de relax en los que vamos a disfrutar al máximo de paseos, comidas, cenas y fiestas nocturnas, vale la pena revisar el joyero y portar una selección para sacarnos el máximo partido durante esos días de asueto de los que vamos a disfrutar.

Viajar con joyas, salvo que lo hagamos con piezas realmente caras, lo que nos podría obligar a realizar un envío seguro desde el origen y hasta nuestro destino echando mano de una empresa especializada, no solo es un placer, sino que es toda una obligación para aquellos que disponen de ellas, aunque sea de una pequeña colección. Pocas ocasiones mejores para brillar con luz propia que en un destino o paraje idílico. No obstante, para eso las tenemos.